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4. Padre Tadeo de Wiesent

El maestro del agua fría. Alemán (1858-1926)

Su verdadero nombre es, Juan Baur, y adoptó el nombre de Tadeo con el agregado Wiesent, su aldea natal, cuando ingresó como misionero a la Orden Capuchina. Nació el 26 de enero de 1858, en Baviera, Alemania. De joven estudió medicina y llegó a dominar varias lenguas, en 1887 ingresó a la orden capuchina con 29 años de edad, donde cuatro años más tarde obtuvo su iniciación misionera. Durante su juventud nunca gozó de buena salud, sufrió graves enfermedades y fue testigo de grandes pandemias como el cólera en 1873 y el tifus, que tomaron millares de vidas en la malsana capital de Baviera. Como consecuencia de un negligente cuidado de salud enfermó de los pulmones y sufrió por años de un doloroso artritismo articular.  La decisión de ingresar a capuchinos fue una aberración para conocidos y parientes que creían que no soportaría una vida rígida y austera, y no faltaron los que profetizaron su desgracia. En los tres primeros años de estudio fue atacado por una afección pulmonar que derivó en un caso de tuberculosis. Sufrió síntomas como expectoración de día y de noche, constantes transpiraciones, escalofríos y el más extremo adelgazamiento. Ya lo designaban como víctima pronta de muerte. Sin embargo intentó seguir con las exigencias de una vida monástica, resistiéndose a ser contado entre los enfermos. Nunca abandonó su paseo semanal, para el cual muchas veces debía ayudarse con un bastón para arrastrarse. A pesar de todo, dos años más tarde habían desaparecido todos sus síntomas, ¿Cómo mejoró? Cuenta que solo el aire puro y la vida sencilla y abnegada del convento, fueron su medicina. Explicó que cerca de donde vivía existía un bosque de pino, un río y un valle protegido de los fuertes

vientos. Los baños que tomaba para su aseo eran fríos, sin pensar ni sospechar que podían influir en su salud, ya que aun no conocía el método hidroterápico de Kneipp. El andar descalzo, el madrugar, el gozar de buen aire y de una comida sencilla habían ayudado poderosamente a recobrar su salud. Aunque se dedicaba de lleno a sus estudios, siempre tenía la “manía” de buscar aire fresco, o dormir con la ventana abierta incluso en los días mas fríos. El verano de 1893 lo atacó su reumatismo articular de un modo alarmante. Se llamó a los facultativos de Munich quienes suministraron salicilato y otros medicamentos sin conseguir mitigar los dolores. Su superior le recomendó que fuera a Worishofen a consultar al cura Kneipp o a Kaiserbad de Rosenheim al doctor Bernhuber. Decidió visitar al doctor Bernhuber, quien había acompañado por mas de diez años al cura Kneipp y dirigía un sanatorio "a lo Kneipp". Después de tres meses de tratamiento sin ningún resultado no le quedaba otra esperanza que la muerte, ordenó que le administraran los santos sacramentos ya que estaba hecho un esqueleto y era fuertemente atormentado por dolores. Una noche -cuanta- “me sentí tan mal que creí morirme. En ese momento horrible hice un voto a Dios que he cumplido con fidelidad: no tomar medicina ni consultar jamás a médico alguno si escapo con vida”. Contra su voluntad, sus amigos lo llevaron a ver al cura Kneipp, quien le recomendó que comenzara el tratamiento con agua caliente, y que después que estuviera bien acostumbrado podría hacerlo con agua fría. Cuando le explicó a Monseñor Kneipp el famoso tratamiento “a lo Kneipp” que por espacio de tres meses había seguido en Rosenheim, el cura se disgustó mucho y le dijo que esos baños eran indicados para agua fría. El padre Tadeo terminó por visitar a un sacerdote norteamericano que hacía tiempo seguía el tratamiento en Worishofen. Este sacerdote, al conocer su engaño, lo llevó al baño y él mismo le aplicó el primer riego de agua fría. Al principio sintió un notable alivio, después su amable compañero lo llevó al convento en que estaban alojados, donde pudo sentarse a la mesa y tomar algún alimento, ya que durante meses su estomago no soportó nada. Continuó con el tratamiento y en unas pocas semanas más estaba completamente sano. “Al agua fría debo, mi salud y mi vida" dijo.

Su ministerio

Mientras el Padre Tadeo estuvo enfermo no pudo realizar su ideal misionero, y una vez recuperada su salud y reforzada su fe en Dios, solicitó a sus superiores su destinación a la Araucania, inexplorada región de un país muy lejano y desconocido para él: Chile. Junto a los Padres Anselmo, Félix José de Augusta y Fraile Servuelo, integró la primera expedición de Capuchinos Alemanes que vinieron a evangelizar la Araucania. Partieron de Baviera en 1895 y a su llegada a Chile fueron destinados a San José de la Costa, donde el Padre Tadeo fundó una escuela y organizó en Villarrica una nueva y exitosa misión. Muchos de los feligreses que acudían a verlo en búsqueda de orientación espiritual venían enfermos, a los que aconsejaba el uso del agua fría, Pronto la población, en especial la indígena, comenzó a valorizar sus curaciones y a venerar su nombre, difundiendo por todas partes su fama de médico. En 1898 fue trasladado a Pelchuquin donde vivió hasta 1902 realizando curaciones que aumentaban su prestigio. Ya acudían a su consulta enfermos de todas clases sociales y de todas las regiones del país. En cierta ocasión, en un tren, –cuenta el Padre Jerónimo- se sentó a su lado un caballero quien después de saludarlo comenzó a conversar: "¿es usted Capuchino?, sepa que al padre Tadeo le debo mi vida, ya que cuando tres médicos estaban listos para amputarme un pie gangrenado, acudió a mi llamado, me examinó y opinó que con la ayuda de Dios sanaría. Como Director de ferrocarriles a mi pie lo estimaba tanto como a mi vida. Desestimé la opinión médica y me entregué en manos del capuchino. Personalmente preparó para el pie un baño de flores de heno. Al meter el pie dentro del baño se me desprendió el dedo grande. Luego me vendó y me dio instrucciones para tratarlo durante tres semanas. Debía tomar todos los días baños, y envolturas y mire cómo estoy ahora... más sano que nunca." En 1902 se fue a Río Bueno y fue nombrado párroco y superior de la misión capuchina. Con la afluencia de enfermos creció el pueblo, fue necesario extender la línea del ferrocarril y se instalaron numerosos hoteles y

residencias que ofrecieran sus servicios para cooperar a las aplicaciones hidroterápicas. El prestigio del Padre Tadeo se hizo latente cuando el Presidente de la Republica Dr. Manuel Montt, llegó desde la capital a Río Bueno con el exclusivo objeto de visitarlo, ya que se encontraba muy enfermo. Quizás fue su falta de tiempo, falta de comprensión o la presión ejercida por sus médicos que no pudo someterse estrictamente a los tratamientos del Padre, siguió las prescripciones de sus médicos que le aconsejaron viajar a Alemania. El Padre se manifestó contrario a ese viaje, argumentando que” no llegaría con vida”, desestimando su opinión, hizo el viaje el Presidente Montt y al desembarcar en Bremen, murió. Realmente su presencia se hacía indispensable, por ello la Sociedad Chilena ejerció influencia hasta lograr, mediante la intervención del embajador chileno ante el Vaticano, que el Padre Tadeo se quedase en Chile, siendo sí trasladado a la misión de los Capuchinos Españoles de Constitución. Esta ciudad comenzó a vivir en torno a las actividades “del mago del agua fría”, como lo llamaban. Así, pensiones y hoteles se vieron llenos de personas que venían a consultar al Padre. En los cerros que circundan la ciudad se podían ver personas andando descalzas, aprovechando el rocío y practicando trekking. Al paciente que lo consultaba lo hacía despojarse de abrigos, chalinas y camisetas de lana, luego los hacía caminar descalzos por pasto húmedo, muchas veces con escarcha, para luego someterlos a toda clase de baños de agua fría. 

Sus últimos días en Chile

Enfermos de todo tipo llegaron hasta el Padre Tadeo y todos los que comprendieron su enseñanza y aplicaron con constancia su tratamiento pudieron reestablecer su Salud. Estos antecedentes brindaron confianza en su Sistema, al extremo que, cuando el Sacerdote Rabagliati le relató los sufrimientos de los leprosos, decidió irse a Colombia a vivir entre éstos para intentar curarlos. Tenia 63 años de edad, 27 de ellos vividos en Chile, pero con un espíritu joven, se sentía capaz de enfrentar ese nuevo desafió. Con tristeza abandonó su posición

alcanzada en la sociedad chilena y una tarde de 1922 se embarcó en Valparaíso rumbo a Colombia. A esa misma hora, a las orillas del Río Maule, las campanas de la Iglesia de Capuchinos de Constitución rendían un último homenaje al Padre Tadeo. En los cuatro años que estuvo en Colombia nunca olvidó a sus amigos chilenos, mantuvo con ellos nutrida comunicación por carta, pero, inesperadamente, en junio de 1926, llegó a la cancillería chilena un cable del embajador chileno en Bogotá dando cuenta de la muerte del Padre Tadeo. Su muerte no solo cubrió de luto a sus hermanos en religión, sino también al Gobierno de Colombia, que hizo representar en las honras fúnebres a la sociedad chilena que de antemano lloró su alejamiento y el pesar de todo el pueblo colombiano con la partida de su benefactor.

Conceptos de la salud

A través del tiempo perdura la línea doctrinaria de Hipócrates “el hombre es una parte de la naturaleza y está sujeto a sus leyes como cualquier otro ser de la tierra”.
❖ Las condiciones que conservan la salud del cuerpo humano derivan de la intrínseca fuerza de la naturaleza. Estas mismas condiciones rigen para recuperar la salud perdida.
❖ Lo más importante para el Padre Tadeo es cuidar la salud como el más precioso bien sobre la tierra y no atender a la salud cuando ya se ha perdido, ya que suele ser tarde en muchos casos.
❖ Como remedios, admite como agentes de salud aquellos que la naturaleza misma nos ofrece: aire, luz sol, temperatura, agua, ejercicios y dieta. Afirma que con un método natural de vida se evitan muchas enfermedades.
❖ Dice: es torpe y grave opinar con ligereza sobre tratamientos naturales, despreciándolos por ser sencillos y por recomendarlos una persona que, como Kneipp, no era médico y a quien por ese solo hecho se le negaba toda autoridad para hablar de salud. ❖ Por último, confirma el Padre Tadeo, “al agua fría debo mi salud y mi vida”, y con ello el hecho cierto de que los tres grandes médicos conocidos en el mundo son: el agua fría, el ejercicio al aire libre y la dieta.

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