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1. Hipócrates

Padre de la Medicina. Griego (460-360 a.c.)

No podríamos decir que Hipócrates fue enfermo ya que la historia no lo confirma, pero sí que encontró la salud y pudo prolongar su vida hasta los 107 años. Hipócrates nació en la isla de Cus en el año 460 a.c., sus padres fueron Heralcito y Fenavita, pertenecientes a la familia de los asclepiades, quienes venían ejerciendo la medicina durante dieciocho generaciones. Es su padre quien lo inicia en el arte de curar.
Se torna discípulo de Georgias de Lontino y de Herodico de Selimbria, y completa su aprendizaje a través de viajes por Grecia, Europa, Asia y África.
Famoso por su sabiduría y acciones, sus contemporáneos lo nombran como “hijo de los dioses”, “oráculo de Cus”. Atenas le agradece haberla librado de la peste y eleva una estatua en su honor con la inscripción “A Hipócrates nuestro bienhechor y salvador.”
Su autoridad es reconocida por grandes personajes de la humanidad: Platón, Sócrates y Aristóteles; por reyes como Artajerjes y Alejandro, y por los más variados talentos que produjo el siglo de Pericles.
En la época de Hipócrates existían en Grecia templos-sanatorios, y en Cos estaba el más importante, famoso por sus aguas termales. Los ritos médico-religiosos que allí se celebraban estaban precedidos por la estatua del dios Esculapio, cuya característica era un báculo con una serpiente arrollada, el símbolo de la medicina hasta hoy. 
Antes de llevarlo a la presencia del dios, se sometía al enfermo a purificaciones mediante abluciones, baños fríos o termales, se le privaba del vino y se le daban consejos sobre el régimen alimenticio a seguir.

Reaccionado contra la realidad medica de su tiempo, Hipócrates empleó la observación directa. “Observa y vé por tí mismo -decía- y prueba que es así después de muchas observaciones”. Este método le infirió a la medicina una base racional, al probar que las dolencias atribuídas a los dioses tenían causas naturales. Demostró que los enfermos no estaban poseídos por demonios sino que eran enfermos. Rechazó las “curas milagrosas” y estableció principios fundamentales para la conservación de la salud.

Teorías y pensamientos de Hipócrates

❖ Sus observaciones fueron siempre dirigidas a la naturaleza, “todas las curaciones son obra de la naturaleza”, la ley de la conservación que influye permanentemente en el organismo humano y las llamadas “enfermedades”: fiebres, dolores, hemorragias, erupciones, eliminaciones, son sólo síntomas defensivos de la salud y vida.

❖ El consejo de Hipócrates es “atendéd sólo los decretos de la naturaleza, creéd sólo lo que ella os diga; y marchád por el camino que ella os trace.”

❖ Una de sus frases más conocidas es “que tu alimento sea tu medicina y tu medicina, tu alimento.” Consciente de que la salud es el patrimonio más preciado que posee el hombre, Hipócrates nos advierte que al seleccionar nuestro alimento nos fijemos en que no sólo nos mantenga vivos, sino que sea saludable y nutritivo. Ensañándonos también que, para recuperar la salud perdida, debemos valernos del alimento.

❖ Dice: “librando el cuerpo de toxinas, el milagro de la salud está hecho.”

❖ Los alimentos saludables son naturales, refrescantes, vitalizadores, livianos, de fácil digestión, intrínsicamente sanos. Y si sirven para conservar la salud, son también”medicina”, producen un efecto curativo. 

Métodos de curación hipocráticos

Curar sin dañar: este aspecto tratado por Hipócrates es uno de los más actuales. Él concebía la medicina como lo que verdaderamente es: la más noble de todas las artes, y definía como el arte de curar “seguir el camino por el que la naturaleza cura espontáneamente”. En el ejercicio de esta arte, el primer principio era el “no dañar”. Estableció el juramento de la prohibición de administrar venenos. 

Hipócrates sostenía que:

❖ La salud es natural en el hombre desde su origen y nacimiento.
❖ Existe en nuestro organismo una fuerza vital que trabaja por el todo y por todas partes y que es a la vez una y múltiple.
❖ La enfermedad es fruto de las transgresiones a las leyes de la conservación natural de la salud. La naturaleza tiende a conservar en nuestro cuerpo la vida en salud.
❖ Es muy bueno que todo el cuerpo esté caliente.
❖ Nadie cae enfermo bruscamente y en cualquier momento, si no que es una acumulación de causas que motivan el estallido sistematizado de una enfermedad.
❖ La enfermedad muestra no sólo el padecimiento y deterioro orgánico sino que señala el esfuerzo del organismo para reestablecer la salud.
❖ La plenitud se alcanza con la evacuación; la inanición se cura por la alimentación; la vida sedentaria se mejora con el ejercicio físico; la fatiga se mejora con el reposo. Los contrarios se mejoran por los contrarios.

Trataba a los enfermos como un solo órgano que es su cuerpo, dando más importancia a la dieta y al ejercicio físico que a los medicamentos. Empleó y fomentó el ayuno, las fricciones y dio instrucciones precisas de higiene sobre “aire, aguas y lugares”. Su método quedó consagrado en la frase “lleva una vida sana y no caerás fácilmente enfermo”. Para diagnosticar, Hipócrates atiende a las “señales que se observan en el rostro, en todo el cuerpo y en los ojos”.

❖ La evacuación del vientre de mejor condición es aquella en que el excremento es compacto y blando y se realiza en el mismo tiempo que solía el enfermo arrojarlo cuando estaba sano. La cantidad debería ser correspondiente a lo que se ha tomado, saliendo de este modo es señal de que el vientre está sano.
❖ Conviene evacuar el vientre dos o tres veces en el día y una por noche, según la cantidad de lo que el enfermo ha tomado, y la mayor cantidad echarla por la mañana, como es costumbre hacerlo naturalmente.
❖ Es bueno que tenga un buen sueño, igual a como era cuando estaba sano, de modo que de día esté despierto y duerma de noche. Si no es así, es malo.

Hipócrates también destaca la importancia a la temperatura del cuerpo: es muy bueno que todo el cuerpo esté caliente. Si la cabeza, las manos y los pies se pusiesen fríos, es malo. Es mala señal tener el cuerpo con temperaturas desiguales.

Sus últimos días

Hipócrates murió en Larissa aproximadamente en el año 370 a.c. Sus contemporáneos levantaron templos en honor a su memoria. Y la historia lo coronó con el título “Padre de la Medicina”.

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